Leyenda de heroicidad y resistencia al invasor…
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Erase una vez una ciudad próspera y feliz, que se siente segura allá en lo alto de la loma, rodeada por altas e inexpugnables murallas. Es una ciudad cosmopolita, donde viven gentes de diversos lugares, que acuña su propia moneda, aliada de la todopoderosa Roma, con quien tiene tratos comerciales preferentes.
Desde su ciudadela puedes contemplar al este un mar azul e infinito, fuente de sus riquezas materiales y culturales, al oeste la sierra verde rica en plata, al norte y al sur valles fértiles de los que alimentarse.

Sin embargo, tanta felicidad está amenazada. Un pueblo guerrero y deseoso de venganza ha puesto el ojo en nuestra ciudad feliz, en Arse, y Aníbal, su general más carismático, se siente con derecho a poseer la ciudad, pues el pueblo cartaginés ha firmado un tratado con la todopoderosa Roma según el cual las tierras al sur del Ebro forman parte de su área de influencia. Sin embargo, ya lo hemos dicho, Arse tiene un poderoso aliado.
Aníbal no lo duda, quiere ir a Roma, atravesando los Pirineos y los Alpes, pero antes quiere apoderarse de Arse, de sus riquezas y de sus hombres, expertos infantes en la lucha cuerpo a cuerpo, y quiere hacerlo rápido, con contundencia, por eso se presenta con 50.000 hombres a los pies de las murallas.
Pero Arse es inexpugnable, así que en vez de atacar directamente, su táctica es asediar la ciudad.
Los iberos en la ciudadela se sienten cómodos, pueden aguantar, pero Aníbal se arma de paciencia. No quiere destruir la ciudad porque quiere conseguir su botín. Pasan algunas semanas, y Arse busca ayuda en las tribus cercanas, pero éstas siempre han temido su creciente poder y además no desean enemistarse con el invasor cartaginés.
Con el paso del tiempo la situación se hace cada vez más insostenible en el interior de la ciudadela. Los alimentos escasean, y la moral decae, así que deciden enviar emisarios a Roma para solicitar ayuda.
Por ello un grupo muy reducido de guerreros utiliza un túnel secreto que, partiendo del interior de la ciudad ibera, desciende de la montaña y pasa enterrado por debajo de las tropas enemigas, saliendo a la luz cerca del Grao Vell, el puerto comercial desde el que navegarán hasta Roma para pedir auxilio a la nación aliada.
Pero, ¿que encuentran en Roma?. ¡¡¡ Políticos !!! El senado romano se dedica a debatir, y a buscar la mejor solución para ellos mismos. Deciden no hacer nada, por que si Aníbal toma la ciudad aliada de Arse, tendrán una excusa para declararle la guerra.
Han pasado 8 meses desde el inicio del asedio cartaginés. La situación en la ciudadela es sencillamente insoportable. Los iberos de Arse son gente orgullosa y valiente. ¡ANTES LA MUERTE QUE RENDIRSE!. Está decidido.
Deciden incendiar sus casas y sus posesiones, y después demostrarán al mundo el carácter indomable y heroico de las gentes de esta tierra. No quieren ser hechos prisioneros, así que en primer lugar las mujeres con sus hijos se lanzan a una gran hoguera, después los hombres que no pueden pelear. Finalmente, los aguerridos íberos de Arse salen a luchar cuerpo a cuerpo contra el invasor. No hay supervivientes.
Anibal entra triunfante en Arse, pero no encuentra lo que buscaba. Ni riquezas ni guerreros. Todo está destruido, y él ha perdido mucho tiempo y muchos hombres.

Paradójicamente, el pueblo de Arse ha conseguido entrar en la historia y cambiarla para siempre. Como había previsto el senado de Roma, la toma de la ciudad aliada se convierte en “Casus belli”, dando comienzo a la segunda guerra púnica, y al inicio del interés de Roma por las tierras de Iberia.
Siete años después, Publio Cornelio Escipión reconquista la ciudad y la renombra como Saguntum, volviéndose a convertir en rica y próspera. Junto con Numancia, Sagunto es hoy en día símbolo de heroísmo, y para muchos historiadores de los siglos XIX y XX, mito fundacional de lo que hoy conocemos como España.
Esta leyeda es, más o menos, la que me contaron cuando era un niño. En aquella época el Castillo de Sagunto era uno de nuestros lugares favoritos para jugar.
